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17.08.2018

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Haciéndose niños para pasar al reino de los cielos Hubiera sido magnífico mandar de gira al antropólogo Cesare Lombroso por los principales teatros europeos para hacer pruebas antropométricas a no pocos compositores con el fin de evaluar su edad mental y ponerla de puntillas. En sus Recuerdos, Fanny del Río, hija del director del colegio donde estaba interno su sobrino Karl, dice que en las veladas Beethoven tosía sin parar sobre su pañuelo mirándolo continuamente; «de este modo creí durante mucho tiempo que temía encontrar sangre en él». La generosidad de Arthur Rubinstein era proverbial, facilitada sin duda por esa fortuna que, siendo todavía veinteañero, ganaba con una mano (con las dos más bien) y dilapidaba con la otra (a manos llenas, habría que decir).

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